Ese momento en el que planeamos un nuevo viaje, elegimos un destino y nos aventuramos hacia él. Estamos emocionados, entusiasmados, ilusionados. Investigamos de todo sobre este nuevo lugar: Idioma, cultura, comida, clima, sitios de interés.

Hacemos nuestros preparativos, vuelo, alojamiento, sitios a visitar, presupuesto. Y poco a poco se va acercando ese día, ese día en el que te adentrarás en una nueva aventura, en algo inesperado, no sabes que te vas a encontrar, no sabes cómo será la gente, no sabes si la comida te gustará. Y como no sabes nada, te entregas al viaje y dejas que te sorprenda, aunque eso implique quizá sufrir un poco, aunque eso implique quizá perderte.
Es casi imposible describir con palabras lo que un viaje puede hacer en una persona, viajar te confronta, te pone de cara a tus miedos, viajar te sorprende, te enamora, te hace sentir pequeño porque te haces consciente de que el mundo es muy grande y la vida es muy corta. Viajar es comprobar que es imposible saberlo todo, que en el mundo hay más amor que odio, viajar es darse cuenta de que el mundo está lleno de hospitalidad y no de egoísmos como quieren hacernos creer las noticias de turno. Viajar es como vivir, es un sube y baja, una montaña rusa en la que decidimos como viviremos la vida.

Cada viaje es un camino que aporta experiencia a nuestra vida, por eso lo difícil no es irse. Creemos que irnos resultará difícil, pero en realidad lo más difícil es volver. Porque es cuando vuelves cuando te das cuenta que has salido un poco de tu zona de confort, que rompiste paradigmas y venciste miedos. Te das cuenta que un pedazo de tu corazón se quedó en ese lugar maravilloso, te das cuenta que conociste personas asombrosas y que compartieron aun a pesar de sus diferencias culturales. Descubres que puedes ser menos rígido, menos aburrido, menos planeador. Te das cuenta que quizá ese viaje cambió tu vida, que te hizo mejor persona, que tocó tu corazón y tu alma y que ya jamás volverás a ser igual.

Al regresar te diste cuenta de una verdad que nació en tu corazón: nunca quieres dejar de irte, porque sabrás que en cada regreso serás un ser humano más grande. Es ahí donde te das cuenta que cuando regresas nada es igual.

Y es en este momento donde sabes, que el viaje que emprendiste solo terminará el día que mueras.

Categorías: Reflexión

2 commentarios

Andres Mesa · 20 septiembre, 2017 a las 5:07 pm

Buenaaaaaa…. los felicito de corazón por adentrarse en el mundo de la aventura y ser felices como pareja y emprendedores. Espero que esta búsqueda los lleve a una vida cargada de SENTIDO y AMOR propio y por el prójimo.

Un abrazo.

    De Viaje Por La vida · 25 septiembre, 2017 a las 3:58 pm

    Mil gracias parcero, la aventura de la vida es maravillosa, sólo es entregar amor y conocimiento al otro.

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